En España se produce artesanía de excepcional calidad, que responde cada vez más a las demandas de una sociedad cansada de la estandarización y que empieza a buscar productos innovadores y exclusivos. La situación de consumo estancado en el país impulsó en su momento a las empresas artesanas hacia la búsqueda de nuevos mercados y hacia la diferenciación, así como a una apuesta decidida por la calidad y la puesta en valor de lo único.

La artesanía en España es un sector productivo formado por más de 38.000 empresas, que da trabajo a 125.000 personas y cuyo PIB asciende a unos 4.042 millones de euros. En la actualidad cuenta con grandes posibilidades de crecimiento a través del desarrollo de la competitividad e innovación de las empresas artesanas, cuyos pilares fundamentales son el diseño y una adecuada gestión empresarial.
Es cierto que estas no pueden competir en productividad y precio con productos realizados en serie en países con costes laborales inferiores a los españoles y que pueden sustituir las funciones básicas que antes nos proporcionaban los productos realizados de forma manual. Pero también lo es que, a través de nuevas vías de comercialización, el artesano ha podido encontrar nuevos clientes en cualquier parte del mundo.

Aunque el número de empresas y puestos de trabajo haya descendido en estos diez años, la competitividad del sector artesano español se ha incrementado en los últimos tiempos. Hay que atribuir este crecimiento a su apuesta por la innovación, la incorporación de las TIC, la cooperación intra e intersectorial y una mayor orientación de sus procesos hacia la comercialización. Ésta es una de las principales conclusiones del estudio “Situación de la artesanía en España. Informe de competitividad y principales variables económicas”, primer análisis elaborado en España desde el año 2010 sobre un sector que representa en torno al 2,4% del PIB industrial y un 0,4% del PIB total.

Estos avances se han visto acompañados de una cierta renovación motivada por la entrada de nuevos perfiles profesionales, que previsiblemente dinamizarán de forma importante la actividad artesana en los próximos años. Todo ello sitúa a la artesanía nacional en una sólida posición para afrontar un nuevo período marcado por una mejor situación económica y por las nuevas tendencias emergentes en el consumo.